La descendencia filial parece gravitar en el cine de François Ozon como una de las líneas de reflexión prioritarias desde El tiempo que queda (Le temps qui reste, 2005). Mouse (excelente Isabelle Carré) es una mujer heroinómana y embarazada que ha perdido al amor de su vida, Louis (Melvin Poupaud), después de un definitivo viaje a Morfeo. La muerte como súbita desaparición, ya no produce en su cine esa tremenda laguna que aboca al vivo hacia los fantasmas de la razón, tal como sucedía en Sobre la arena (Sous le sable, 2000). El inexorable vértigo de la ausencia existirá como un tornasol en Mouse. Pero ese mar que choca violentamente sus olas, no es el vacío completo. Como dice Paul (Louis-Ronan Choisy), el hermano gay de Louis en su funeral, el que pierde su vida, otro la recuperará, palabras que retumbarán en su interior. Por ello, Mouse, repudiada por la familia de Louis (perteneciente a la alta burguesía francesa, a la que Ozon acostumbra a satirizar o poner en tela de juicio), decide exiliarse en el País Vasco francés, en una casa alejada del mundanal ruido y, como suele ser costumbre en Ozon, cerca de la playa. La visita inesperada de Paul pone en relación a los dos personajes y esos días que comparten juntos marcarán el destino de ambos.
(...) Pero desgraciadamente, y es algo que lamento, Airbender, el último guerrero no es una película que me sirva para enaltecer su figura. Más bien al contrario. Descubro atónito, errores de bulto ( el joven actor que encarna a Aang se desenvuelve bien realizando artes marciales pero todo al contrario cuando se le exige interpretar); precipitaciones en el ritmo (algunas escenas breves de acción parecen insertadas a posteriori, como si se hubiesen rodado después de pasar el film por esos nefastos screening tests). También encontraremos situaciones forzadas (valga como ejemplo la historia de amor entre la princesa Yue y Sokka) y para rematarlo, padeceremos un efectismo en la espectacularidad (la abusiva cámara ralentizada), que no es propia del realizador. Si nunca, desde el El sexto sentido me he encontrado ante tal coyuntura, ¿qué demonios le ha pasado en ésta, para que su película parezca realizada por un mediocre realizador que se apunta al carro de las películas épicas de corte infantil? ¿Jugamos al Juego de Hollywood? En el Hollywood que tan descarnadamente Robert Altman retrató, Airbender, el último guerrero es como Las crónicas de Narnia con esquema de videojuego de rol, al estilo de Final Fantasy X[1].
La última y excelente película de Sébastien Lifshitz es un viaje, cuyo destino final será Tudela. Para este trayecto, el director se sirve del diapasón, ya que a su film también se le podría aplicar la forma de U, la cual nos permite comprobar dos afinaciones diferentes que fluyen del mismo tronco. Una primera parte coral, de cuatro personajes en coche por el Sur de Francia. Jóvenes errantes que recogen de forma descontextualizada, el espíritu beatnik de la ruta 66. Frente a la luz radiante del verano y las texturas atmosféricas de la vida en ebullición, se alterna una onda sinuosa, opaca y profunda, con un carácter oneroso. El blanco sobre negro. Y es que en los espacios de mayor luz se esconde, bajo su seno, la oscuridad más siniestra.
Marco Berger, como Enrique Buchichio, también debuta en la dirección, tras su paso por el cortometraje. Precisamente, en su anterior cortometraje, El reloj (2008), ya exploraba algo que es desarrollado en profundidad en Plan B, mediante un tempo moroso, plagado de numerosos tiempos muertos, luces cromáticas en azul y verde, de clara inspiración afrancesada, en su dilatación de los tiempos. El costumbrismo es la clave, mediante continuos diálogos de personajes, donde se va fraguando un perverso juego maquiavélico al estilo de Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons, Stephen Frears, 1988). Aquí, el conde de Valmont es un cachondo y simpático personaje que decide recuperar a su ex novia, tratando de seducir a su actual pareja masculina
Suecia cuenta con uno de los estados de bienestar más amplios y es un país que suele caracterizarse como uno de los más progresistas en materia de igualdad social. En ese contexto, siempre se ha caracterizado como uno de los países más tolerantes en cuestiones de homosexualidad, permitiendo las bodas entre parejas del mismo sexo desde el 1 de mayo de 2009.
La película de Ella Lemhagen indaga en estos aspectos, siendo uno de las escasos films que atacan frontalmente el tema de la adopción por parejas del mismo sexo. El tono de comedia, bajo luminosos colores pastel, no evita que se permita dibujar un croquis de lo que yo llamo homofobia de baja intensidad. Como ya sucedía con Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, Tim Burton, 1990), de la que recoge una ambientación y modulación similar para retratar el barrio residencial donde pasa la acción, Patrik, Age 1.5 es un bombón envenenado, por la forma de arrojar sus dardos en equilibrada combinación con un trato nada adusto hacia sus seres. Precisamente, esa complacencia puede ocasionarle alguna objeción, pero se agradece la astucia para levantar el polvo bajo la alfombra de la presumible tolerancia. Para desarropar la hipocresía que siempre se esconde en todo aquello que es políticamente correcto, no hay nada mejor que forzar aparentes extremos y hacerlos convivir bajo un mismo entorno. Un matrimonio de dos gays maduros, Göran y Sven, se traslada a un idílico barrio de periferia burgués, conformando una aparente y afable comunidad bucólica.
(Manu_Arguelles)
Crítica de la película Le Refuge escrita 2010/09/03 00:09:24
La descendencia filial parece gravitar en el cine de François Ozon como una de las líneas de reflexión prioritarias desde El tiempo que queda (Le temps qui reste, 2005). Mouse (excelente Isabelle Carré) es una mujer heroinómana y embarazada que ha perdido al amor de su vida, Louis (Melvin Poupaud), después de un definitivo viaje a Morfeo. La muerte como súbita desaparición, ya no produce en su cine esa tremenda laguna que aboca al vivo hacia los fantasmas de la razón, tal como sucedía en Sobre la arena (Sous le sable, 2000). El inexorable vértigo de la ausencia existirá como un tornasol en Mouse. Pero ese mar que choca violentamente sus olas, no es el vacío completo. Como dice Paul (Louis-Ronan Choisy), el hermano gay de Louis en su funeral, el que pierde su vida, otro la recuperará, palabras que retumbarán en su interior. Por ello, Mouse, repudiada por la familia de Louis (perteneciente a la alta burguesía francesa, a la que Ozon acostumbra a satirizar o poner en tela de juicio), decide exiliarse en el País Vasco francés, en una casa alejada del mundanal ruido y, como suele ser costumbre en Ozon, cerca de la playa. La visita inesperada de Paul pone en relación a los dos personajes y esos días que comparten juntos marcarán el destino de ambos.
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(Manu_Arguelles)
Crítica de la película The Last Airbender escrita 2010/09/03 00:06:32
(...) Pero desgraciadamente, y es algo que lamento, Airbender, el último guerrero no es una película que me sirva para enaltecer su figura. Más bien al contrario. Descubro atónito, errores de bulto ( el joven actor que encarna a Aang se desenvuelve bien realizando artes marciales pero todo al contrario cuando se le exige interpretar); precipitaciones en el ritmo (algunas escenas breves de acción parecen insertadas a posteriori, como si se hubiesen rodado después de pasar el film por esos nefastos screening tests). También encontraremos situaciones forzadas (valga como ejemplo la historia de amor entre la princesa Yue y Sokka) y para rematarlo, padeceremos un efectismo en la espectacularidad (la abusiva cámara ralentizada), que no es propia del realizador. Si nunca, desde el El sexto sentido me he encontrado ante tal coyuntura, ¿qué demonios le ha pasado en ésta, para que su película parezca realizada por un mediocre realizador que se apunta al carro de las películas épicas de corte infantil? ¿Jugamos al Juego de Hollywood? En el Hollywood que tan descarnadamente Robert Altman retrató, Airbender, el último guerrero es como Las crónicas de Narnia con esquema de videojuego de rol, al estilo de Final Fantasy X[1].
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(Manu_Arguelles)
Crítica de la película Plein sud escrita 2010/09/03 00:04:39
La última y excelente película de Sébastien Lifshitz es un viaje, cuyo destino final será Tudela. Para este trayecto, el director se sirve del diapasón, ya que a su film también se le podría aplicar la forma de U, la cual nos permite comprobar dos afinaciones diferentes que fluyen del mismo tronco. Una primera parte coral, de cuatro personajes en coche por el Sur de Francia. Jóvenes errantes que recogen de forma descontextualizada, el espíritu beatnik de la ruta 66. Frente a la luz radiante del verano y las texturas atmosféricas de la vida en ebullición, se alterna una onda sinuosa, opaca y profunda, con un carácter oneroso. El blanco sobre negro. Y es que en los espacios de mayor luz se esconde, bajo su seno, la oscuridad más siniestra.
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(Manu_Arguelles)
Crítica de la película Plan B escrita 2010/09/03 00:02:28
Marco Berger, como Enrique Buchichio, también debuta en la dirección, tras su paso por el cortometraje. Precisamente, en su anterior cortometraje, El reloj (2008), ya exploraba algo que es desarrollado en profundidad en Plan B, mediante un tempo moroso, plagado de numerosos tiempos muertos, luces cromáticas en azul y verde, de clara inspiración afrancesada, en su dilatación de los tiempos. El costumbrismo es la clave, mediante continuos diálogos de personajes, donde se va fraguando un perverso juego maquiavélico al estilo de Las amistades peligrosas (Dangerous Liaisons, Stephen Frears, 1988). Aquí, el conde de Valmont es un cachondo y simpático personaje que decide recuperar a su ex novia, tratando de seducir a su actual pareja masculina
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(Manu_Arguelles)
Crítica de la película Patrik 1,5 escrita 2010/09/03 00:00:31
Suecia cuenta con uno de los estados de bienestar más amplios y es un país que suele caracterizarse como uno de los más progresistas en materia de igualdad social. En ese contexto, siempre se ha caracterizado como uno de los países más tolerantes en cuestiones de homosexualidad, permitiendo las bodas entre parejas del mismo sexo desde el 1 de mayo de 2009.
La película de Ella Lemhagen indaga en estos aspectos, siendo uno de las escasos films que atacan frontalmente el tema de la adopción por parejas del mismo sexo. El tono de comedia, bajo luminosos colores pastel, no evita que se permita dibujar un croquis de lo que yo llamo homofobia de baja intensidad. Como ya sucedía con Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, Tim Burton, 1990), de la que recoge una ambientación y modulación similar para retratar el barrio residencial donde pasa la acción, Patrik, Age 1.5 es un bombón envenenado, por la forma de arrojar sus dardos en equilibrada combinación con un trato nada adusto hacia sus seres. Precisamente, esa complacencia puede ocasionarle alguna objeción, pero se agradece la astucia para levantar el polvo bajo la alfombra de la presumible tolerancia. Para desarropar la hipocresía que siempre se esconde en todo aquello que es políticamente correcto, no hay nada mejor que forzar aparentes extremos y hacerlos convivir bajo un mismo entorno. Un matrimonio de dos gays maduros, Göran y Sven, se traslada a un idílico barrio de periferia burgués, conformando una aparente y afable comunidad bucólica.
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